La educación, catalizadora de la lucha y solución a la crisis del clima

La crisis del clima

Gracias a nuestros científicos y educadores de todo el mundo, sabemos desde hace décadas que nuestro planeta se está calentando a un ritmo sin precedentes, provocando cambios significativos en nuestro clima. Sabemos que este calentamiento está motivado principalmente por la combustión de combustibles fósiles que liberan gases que atrapan el calor, como dióxido de carbono, en nuestra atmósfera. También sabemos que el tiempo apremia. Según el reciente informe especial sobre calentamiento global del Panel intergubernamental sobre cambio climático (IPCC), para evitar los impactos más catastróficos de la crisis del clima (como eventos de meteorología y temperaturas globales extremas, grandes pérdidas de biodiversidad y alto riesgo de inseguridad alimentaria y de agua) debemos “descarbonizar” drásticamente la sociedad como la conocemos, para 2030.

Actualmente, hay 258 millones de niños, jóvenes y adolescentes desescolarizados. Según La Educación no puede esperar, 75 millones de ellos no tienen acceso debido a las crisis, como conflictos y desastres naturales. Aunque no todos los casos están directamente relacionados con la crisis del clima, los vínculos entre el cambio climático y estas crisis ha aumentado constantemente, empezando por Ban-Ki Moon, el octavo Secretario General de las Naciones Unidas, cuando declaró que el conflicto de Darfur estaba enraizado en una crisis ecológica alimentada por el cambio climático, lo que lo convirtió en el primer conflicto climático. Más recientemente, el calentamiento se ha vinculado directamente con una escalada de la guerra civil en África. El incremento de estas crisis se traduce en que las poblaciones son desarraigadas y, en última instancia, el acceso a la educación se complica cada vez más.

Pero también sabemos que la solución está al alcance de la mano. Las instalaciones de fuentes de energía renovables, como la energía solar o eólica, han aumentado exponencialmente en los últimos 15 años en todo el mundo. El coste de estas fuentes ha disminuido drásticamente, convirtiendo en una expectativa aún más razonable que los gobiernos hagan el cambio urgente a la energía limpia. Además del aumento de las energías renovables, hemos sido testigos de soluciones innovadoras a la crisis del clima, como la electrificación de los vehículos, mecanismos económicos para reducir el consumo de carbón, y las prácticas agrícolas sostenibles para respaldar la captura de carbón. De hecho, la institución internacional de investigaciónProject Drawdownha identificado 80 soluciones diferentes para descarbonizar el planeta.

Aun así, seguimos enfrentados a esta crisis. Algunos de los países con las mayores huellas de carbón se han estancado o han retrocedido respecto a este problema. Por ejemplo, Estados Unidos ha revertido varias de sus políticas para ralentizar las emisiones, a pesar de ser el segundo mayor emisor del mundo, liberando 5.269,5 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono en 2017. La más notable fue cuando el Presidente Trump se salió del Acuerdo Climático de París en 2015, en el que 175 países firmaron para mantener el calentamiento global claramente por debajo de los dos grados Celsius.

El movimiento de la juventud por el clima

Entre toda esta regresión, ha surgido una voz unida. Jóvenes preocupados por su futuro están exigiendo soluciones urgentes a la crisis actual; a pesar de años siendo ignorados en una conversación que afecta directamente a sus vidas.

En 2015, 21 jóvenes demandaron al gobierno de EUA alegando que la inacción respecto a la crisis del clima es y ha sido una violación directa de los derechos humanos de los jóvenes. El caso sigue en marcha, ascendiendo poco a poco por el sistema judicial, y es posible que sea revisado por el Tribunal Supremo de EUA. En 2017, Jaime Margolin, de 16 años, fundó Zero Hour, una organización completamente dirigida por jóvenes, dedicada a apoyar a los jóvenes para movilizarse por la justicia climática, y sus vínculos transversales con la igualdad racial y la justicia económica. Ese mismo año, el Movimiento Sunriselanzó su campaña para implicar a los jóvenes en la creación de la más ambiciosa política climática de EUA, el Green New Deal, actualmente defendido por Alexadria Ocasio-Cortez, la mujer más joven en llegar al Congreso.

El movimiento de los jóvenes se encendió de veras cuando la activista sueca de 16 años, Greta Thunberg se dirigió a los gobiernos mundiales en diciembre de 2018 en la 24ª Conferencia de las Partes. Expresándose de forma muy directa, Thunberg afeó a las agencias gubernamentales que despreciaran las voces y el futuro de los jóvenes.

Thunberg ha optado por faltar a la escuela todos los viernes desde agosto de 2018 para sentarse frente al parlamento sueco para exigir una acción climática urgente y para preguntar “¿para qué educarse para un futuro que puede no existir?”. Sus acciones han provocado un movimiento internacional de jóvenes que, definitivamente, se han responsabilizado de su futuro, llegando a enfrentarse a sus gobiernos. El 15 de marzo de 2019, más de 1,6 millones de jóvenes de más de 120 países participaron en una huelga global por el clima que se convirtió en la demostración juvenil por el clima más grande hasta la fecha.

Este fue un punto de salida para el movimiento #FridaysForFuture. Organizaciones y movimientos juveniles globales se han estado uniendo en coalición para luchar por sus futuros, construyendo hacia el 20 de septiembre del 2019. Días antes de la cumbre anual de las Naciones Unidas sobre el clima, Greta Thunberg se unirá a jóvenes activistas estadounidenses en la presentación de la mayor movilización por la acción climáticade la historia. Con más de 750 huelgas planificadas en Estados Unidos, millones de jóvenes y adultos aliados dejarán a un lado sus responsabilidades escolares y laborales para exigir una acción climática urgente y exhaustiva.

El papel de la educación

Aunque estas demostraciones en masa son fundamentales en la lucha por la justicia climática, entendemos que la educación es un principio central del movimiento. Todos los niveles de la educación tienen un papel que jugar, por ejemplo, para fomentar una cultura de concienciación ambiental para incrementar la presión social sobre instituciones, como gobiernos y grandes empresas; investigar y descubrir nuevas soluciones para reducir nuestro impacto y resolver la crisis; y humanizar la crisis climática conectando y compartiendo las historias de las comunidades que están al frente, sufriendo desproporcionadamente los estragos de los impactos climáticos.

Mientras los jóvenes de todo el mundo dejan de asistir a la escuela semanalmente para poner el énfasis en la urgencia, la educación como componente fundamental hace que esta forma de protesta sea aún más relevante. Quienes ostentan el poder han recibido un mensaje de la generación cuyo futuro se verá directamente influido por la crisis del clima, y es el momento de que se les escuche. La crisis del clima no es algo que esté en el futuro distante o que afectará a generaciones por venir. Su impacto se siente ya muy claramente. Las previsiones muestran su continuación a un ritmo alarmante con consecuencias cada vez más extremas con cada momento de inacción.

Vemos la educación como una catalizadora en la lucha y solución a la crisis del clima que pueden liderar los jóvenes. Ambos dependen por igual el uno del otro para establecer un futuro mejor para las generaciones por venir.

Busca tu huelga por el clima aquí: https://globalclimatestrike.net/#join

 

Taylor Rogers es una activista joven, defensora de la educación global y ambientalista. Es líder joven de GCE-US y miembro fundador de 260by26, una ONG juvenil internacional centrada en lograr la equidad educativa mundial. Actualmente dirige la campaña 100% Committed, una campaña nacional centrada en que ciudades, universidades y negocios hagan la transición a la electricidad cien por cien renovable para 2030, en The Climate Reality Project.

Emery Kiefer es la Coordinadora del programa Campus Corps en The Climate Reality Project. Natural de Carolina del Norte, completó su licenciatura en recursos naturales, política y administración, en la Universidad NC State, lo que le llevó a una pasión por el clima y el activismo juvenil. En su papel, apoya a los líderes de The Climate Reality Project en todo Estados Unidos para que realicen acciones climáticas importantes en sus comunidades, y también respalda a los jóvenes en el Movimiento juvenil por el clima.

 



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